viernes, 15 de enero de 2010

El sexenio revolucionario

El sexenio revolucionario fue la consecuencia de una acumulación de causas: la crisis económica de 1866, que provocó, por ejemplo, que algunas empresas de algodón catalanas tuvieran que parar; las malas cosechas de 1867 y 1868 que pasaron factura en la población; y el agotamiento del régimen político moderado, cuando tras la muerte del general Narvaez, Isabel II se queda sin apoyos y empiezan a surgir voces que se inclinan por ideas más liberales.

Gestación

La revolución de 1868 se gestó en agosto de ese mismo año, en la ciudad belga de Ostende se reunieron 45 progresistas y demócratas, entre ellos figuraban Prim, Sagasta, Ruiz Zorilla y Pi y Margall, para unir sus fuerzas y acabar con el reinado de Isabel II para así establecer un régimen liberal democrático. Se pactó decidir el régimen político –si república o monarquía democrática– bajo sufragio universal masculino y directo. El general Serrano, Jefe de la Unión Liberal, se uniría a este movimiento, lo que aseguraría el apoyo militar al pacto revolucionario de Ostende.

La revolución se inició en septiembre con el pronunciamiento de la armada surta de Cádiz. El almirante Serrano (Unión Liberal) y Prim (progesista) serían sus dirigentes. Se distribuye el manifiesto “España con honra” en el que se proclama la expulsión de la reina y el establecimiento de un gobierno provisional que asegurara el orden. Finalmente, se impondrían los liberales al derrotar éstos a los fieles de Isabel II en el encuentro militar de Alcolea. Este episodio supuso la salida de la reina a Francia.

Españoles: La ciudad de Cádiz puesta en armas con toda su provincia (...) niega su obediencia al gobierno que reside en Madrid, segura de que es leal intérprete de los ciudadanos (...) y resuelta a no deponer las armas hasta que la Nación recobre su soberanía, manifieste su voluntad y se cumpla. (...) Hollada la ley fundamental (...), corrompido el sufragio por la amenaza y el soborno, (...) muerto el Municipio; pasto la Administración y la Hacienda de la inmoralidad; tiranizada la enseñanza; muda la prensa (...). Tal es la España de hoy. Españoles, ¿quién la aborrece tanto que no se atreva a exclamar: "Así ha de ser siempre"? (...) Queremos que una legalidad común por todos creada tenga implícito y constante el respeto de todos. (...) Queremos que un Gobierno provisional que represente todas las fuerzas vivas del país asegure el orden, en tanto que el sufragio universal echa los cimientos de nuestra regeneración social y política. Contamos para realizar nuestro inquebrantable propósito con el concurso de todos los liberales, unánimes y compactos ante el común peligro; con el apoyo de las clases acomodadas, que no querrán que el fruto de sus sudores siga enriqueciendo la interminable serie de agiotistas y favoritos; con los amantes del orden, si quieren ver lo establecido sobre las firmísimas bases de la moralidad y del derecho; con los ardientes partidarios de las libertades individuales, cuyas aspiraciones pondremos bajo el amparo de la ley; con el apoyo de los ministros del altar, interesados antes que nadie en cegar en su origen las fuentes del vicio y del ejemplo; con el pueblo todo y con la aprobación, en fin, de la Europa entera, pues no es posible que en el consejo de las naciones se haya decretado ni decrete que España ha de vivir envilecida. (...) Españoles: acudid todos a las armas, único medio de economizar la efusión de sangre (...), no con el impulso del encono, siempre funesto, no con la furia de la ira, sino con la solemne y poderosa serenidad con que la justicia empuña su espada. ¡Viva España con honra!

Cádiz, 19 de septiembre de 1868. Duque de la Torre, Juan Prim, Domingo Dulce, Francisco Serrano, Ramón Nouvillas, Rafael Primo de Rivera, Antonio Caballero de Rodas, Juan Topete.

Regencia de Serrano

Los progresistas eran el centro de la coalición, los demócratas aportaban el sector intelectual y la Unión Liberal aseguraba el apoyo del ejercito y parte de las clases acomodadas. El gobierno provisional estaba presidido por el general Serrano, aunque el hombre principal era el general Prim, que además contaba con un gran apoyo popular. Las primeras medidas que se tomaron sirvieron para ampliar las libertades formales, como las proclamaciones de libertad de expresión, asociación, reunión y libertad; y otras dosis anticlericales, se suprimieron las órdenes eclesiásticas y se reanudó la desamortización de los bienes de la Iglesia.

Finalmente el sistema político elegido fue la monarquía según el modelo belga, que era el preferido por los partidos que asistieron al pacto de Ostende. Aunque muchos demócratas extremistas, convertidos en republicanos, la rechazaron

El mapa político lo constituían en el centro los partidos que aceptaron el Pacto de Ostende y la monarquía democrática. A la derecha, se situaban los antiguos moderados, el núcleo duro alfonsino canovista y los carlistas, y a la izquierda, los republicanos.

Nueva constitución

La nueva constitución se aprobaría el 1 de junio de 1869, apodándose la septembrina o Gloriosa, y fue, según los políticos de la época, la constitución más liberal de todas las que se habían proclamado. Recogía un ideario democrático: sufragio universal para los varones mayores de 25 años, libertad de pensamiento, expresión y culto, etc. Si es verdad que algunos miembros moderados de la Unión Liberal se mostraban críticos con el sufragio universal, pues temían la llegada de los socialistas al poder. También recogía la división de poderes con predominio del poder legislativo, que se dividía en dos cámaras: El Congreso de los diputados y el Senado. Mientras que el poder ejecutivo recaería sobre el rey y el poder judicial en los tribunales, aunque su organización estaba pendiente.

Amadeo de Saboya.

El candidato a ocupar el trono español debería ser católico, ser de una casa real con tradición liberal y no debía inquietar a las dos grandes potencias del momento: Francia y Prusia. Después de descartar a varios candidatos, entre ellos el conde de Montpensier –avalado por los unionistas– y Fernando, ex rey de Portugal –defendido por los demócratas y progresistas–, el elegido fue Amadeo de Saboya, quien fue nombrado rey el 16 de noviembre de 1870. Si bien lo hizo inmerso en una gran inestabilidad política, puesto que la república empezaba a cobrar fuerza y los carlistas querían conquistar el poder por medio de las armas. También influyó negativamente el problema cubano, al estallar en 1868 una insurrección independentista que contó con el apoyo de los Estados Unidos, al que le interesaba tener el control de la isla caribeña. Fue el asesinato de Prim en diciembre de 1870 lo que acarreó el devenir del reinado de Amadeo, dado que las desavenencias por sucesión de Prim entre los partidos del pacto de Ostende provocó una gran inestabilidad. Los hombres de Cánovas, que querían la vuelta de Isabel II, facilitaron el aislamiento de Amadeo, que tampoco tenía apoyo popular.


El Sexenio revolucionario 1 (TVE). Amadeo de Saboya.


Primera república

El 11 de febrero de 1873 el Congreso y el Senado proclamaron la República. Hubo enfrentamientos

entre radicales y federales que se resolvieron a favor de los segundos por las acciones llevadas a cabo por Pi y Margall.

A. República federal. Se intentó poner en práctica un programa de corte social, si bien no todo lo planeado se pudo discutir en las Cortes. El problema más importante fue la falta de acuerdo en cómo implantar la República federal: si de manera progresiva y con concesiones a los grupos conservadores y así contar con su apoyo, o bien con la proclamación inmediata de la soberanía de las unidades políticas inferiores (cantones) para constituir la federación. Tras arduas discusiones, los segundos abandonaron la Asamblea, volvieron a sus ciudades, proclamaron la independencia y empezaron a cobrar impuestos y a levantar milicias. El movimiento de la revolución cantonalista sumió al país en el caos e impidió que se pudieran llevar a cabo las actuaciones previstas. La extensión del cantonalismo fue consecuencia de la debilidad de las autoridades que estaban centradas en vencer a los carlistas. Por lo que todo esto dio al traste con el ambiciosos proyecto de Pi y Margall, que sólo admitía la vía legal para constituir la República. Este cesó y le sustituyó Nicolás Salmerón que utilizó al ejercito para acabar con el cantonalismo.

B. República del orden. Salmerón convirtió al ejercito en árbitro de la situación. Sin embargo, éste dimitió por cuestiones éticas al negarse a firmar dos condenas de muerte. Le sucedió Castelar. Después de acabar con el cantonalismo, al menos en parte, el segundo objetivo fue acabar con la guerra carlista y a ese empeño se dirigieron todas sus fuerzas, por ello se le concedió a Castelar el gobierno por decreto por un periodo de tres meses, en los cuales se redujeron ciertas libertades civiles, como la prohibición de los partidos carlistas y federales. Todo ello puso en jaque la supervivencia de la República, ya que los militares tomaron el poder por miedo a que se volviese a una situación anterior a la de Castelar y Salmerón. Fue Pavía quién llevo a cabo el golpe militar, disolvió la Asamblea Constituyente y ejecutó la República federal para entregar el poder a los hombres que habían sellado el Pacto de Ostende con el general Serrano al frente para poner fin a los conflictos: la guerra carlista, la guerra cubana y el último reducto cantonista en Cartagena.

La campaña emprendida por Cánovas del Castillo para que llegase a España Alfonso XII fue ganando adeptos y cuando Martínez Campos lo proclamó rey no hubo ninguna resistencia.



El Sexenio revolucionario 2 (TVE). La primera República.




Para realizar la entrada he utilizado los libros: “España 1808-1975” de Raymond Carr e “Historia Contemporánea de España, s. XIX” de Javier Paredes (coord.); y me he tomado información de los apuntes de clase y de la wikipedia.

Fernando Martín-Loeches Morales

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada